
El 3 de Junio del año 1955 se celebró en Torralba una boda entre un agostero de Acered, de nombre Marcelino Morata Arguedas, y una moza torralbeña, Adoración Ballestín Martínez, hija de Germán el guarnicionero y de Felisa, familia de los “sastresos”. Era viernes y, como es natural, acudieron muchos familiares y amigos de los novios. Él ya tenía treinta años y ella sólo veintiuno.
Después de la misa de boda en la iglesia, oficiada por el cura párroco, pasaron a la comida y celebración festiva en el amplio salón de casa de Román el Sastre, familiar de la novia. Entre los muchos invitados, también estaba el párroco y sus monaguillos.
Pero ocurrió algo muy distinto de lo que cuenta el Evangelio en las “Bodas de Caná”: no llegó a escasear el vino, sino que los de Acered aportaron, ya desde el principio, el mejor vino que guardaban en su bodega para ocasiones tan importantes como el matrimonio de un hijo. No solo era bueno, sino que también corría abundante. Mayores y mozalbetes encontraron tan agradable y suave el vino que no repararon a tiempo en sus efectos. Y afirman algunos de los invitados que, aparte de prolongar los bailes con alegría y entusiasmo generalizado, acabaron mareados la mayoría de los invitados por efecto del excelente vino, incluso el cura D. Julián Bartolomé y hasta sus monaguillos que le vomitaron sobre la sotana.
David Aranda Rillo, Febrero 2024