
Desde tiempo inmemorial, las gentes de Castejón de Alarba, en la provincia de Zaragoza, recorrían en romería los términos de Acered, Cubel y Torralba de los Frailes, hasta llegar a la ermita de Santo Domingo de Silos, ya en término de Embid de Molina, provincia de Guadalajara. Es un paraje fronterizo entre Castilla y Aragón, con espacios de pradera, junto al barranco que desemboca en el río Piedra, cerca del Pozo Verde. La romería popular se hacía en primavera, por los días de Pascua de Pentecostés, cuando los campos de cereal estaban llenos de verdor y los pajarillos gorjeando, tan alegres, preparando sus nidos.
Seguían los caminos rurales, unos a pie y los más en carros y caballerías, pues la distancia desde Castejón hasta la ermita del santo es de 33 km. Por supuesto llevaban fiambreras repletas de lo necesario para comer bien esos días y compartir con las familias hospederas de Embid. Claro que, siendo Castejón tierra de viñedos, iban provistos de botos y botas con vino abundante. Era romería festiva y religiosa, con objeto de venerar al santo en su ermita, pedir su protección y la lluvia tan necesaria para los campos, y unirse posteriormente a la gran fiesta de Embid. Para animar el recorrido, las celebraciones y la fiesta iban provistos de gaitas, tambores y otros instrumentos musicales.
En el término municipal de Torralba seguían un trayecto muy llano por el Camino de los Arrieros, por El Piajero, La Zarzuela y la Venta del Cuerno, muy próxima a su destino una vez pasada la linde Aragón-Castilla. Era costumbre que la gente de Torralba se acercaba a La Zarzuela o a la Venta del Barro, en el Camino de los Arrieros, a contemplar el paso de los peregrinos, mientras las campanas de la iglesia de Torralba volteaban a distancia saludando a los romeros. Las ruinas de esa Venta del Barro, situada a dos km del pueblo, junto a la carreta de Used, quedó sepultada con la remodelación de tierras y caminos de la concentración parcelaria.
Llegados a la ermita hacia el mediodía, era el momento de descansar y comer tranquilamente, sentados sobre la pradera. Ya restablecidos, seguían los cuatro km que faltaban hasta Embid, a través del Montecillo, portando además a hombros y sobre andas la imagen de Santo Domingo. Las gentes de Embid les esperaban a un kilómetro del pueblo, en las inmediaciones del río Piedra.
Ya juntos los de ambos pueblos, seguían hasta la Iglesia para la primera ceremonia y entronizando la imagen del santo, y a continuación en la plaza empezaba la fiesta con música de los castejoneros y la merienda para todos a cargo del Ayuntamiento de Embid. Después de hospedarse entre las familias del pueblo, seguían la fiesta, la música y los bailes por la noche en la plaza. El segundo día de la fiesta, después de la misa solemne con sermón, se recorrían las calles del pueblo al ritmo de la música, portando en procesión la imagen de Santo Domingo y suplicando su intercesión para que la lluvia no faltara a los sembrados; con más insistencia, lloros y lamentos en caso de sequía. Una letrilla popular que ha llegado hasta nosotros decía:
“Santo Domingo de Silos,
tú que estás en un barranco,
danos agua para los trigos
que se nos están secando”.
Si al atardecer el cielo se ponía nublado o llovía, se reafirmaban en su devoción y agradecimiento a la intercesión del santo. De todos modos, en la plaza y en las calles seguía la fiesta hasta anochecer y entre las familias de ambos pueblos se fortalecían los lazos de hermandad, año tras año.

Y, ya a la mañana siguiente, ponían a punto sus carruajes y caballerías, se despedían los huéspedes, y emprendían el regreso procesional para dejar la imagen de santo Domingo en su ermita del barranco y continuar luego su largo camino de regreso hasta Castejón de Alarba.
Con el paso de los años y la gran despoblación de esas tierras, todo ha cambiado.
Cuentan que en la actualidad todavía acuden algunos romeros de Castejón, pero ya no llegan hasta Embid ni van en carro o en mulas recorriendo caminos de tierra entre sembrados, sino en coches por carretera de asfalto con ida y vuelta en el día. También los de Bello y La Yunta, que tradicionalmente iban en romería a Santo Domingo, visitan la ermita en minoría pero no pasan de allí.
David Aranda Rillo, Valencia, 31 de enero 2024.